martes, 29 de octubre de 2013

Del civismo y cuentos chinos


Civismo: Comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública.

El día del magosto reivindicativo tuvieron lugar 2 sucesos anecdóticos, que tras varios días de reflexión, he considerado interesantes para enmarcar el contexto que nos rodea.
Son dos ejemplos, que si bien no tienen nada que ver uno con el otro, sirven para valorar a las personas que nos rodean, sus actitudes y motivaciones.

El primero de ellos tiene como protagonista a una vecina cuya vivienda se encuentra cercana a la nuestra. Esta señora, junto con su esposo posee un pequeño rebaño de ovejas y un burro. Hace algo más de un año comenzó a dejar a las ovejas sueltas en el monte para que pastasen y al burro atado con una larga cuerda muy cerca de nuestro camino de entrada.
Las ovejas tan contentas en nuestra finca
Primer problema: el burro. Todo el día en el camino. Que llegas con el coche, tienes que bajarte, apartarlo, volver a subirte para entrar en tu casa. Que sales con el coche, vuelta a empezar con el numerito. Que es muy bueno como dice la señora, pues no se lo voy a negar, porque aunque estuviera todo el día delante de mi casa, no llegué a "intimar" con él. Ahora sí, los "regalitos" que dejaba por el camino, con esos sí que "intimamos" más de uno de la familia. Paciencia.
Segundo problema: las ovejas sueltas. Que las dejaba en el monte, estupendo, pero hay un pequeño inconveniente y es que estando sueltas y sin vigilancia, quietas, lo que se dice quietas no estaban y se venían a dar una vuelta por nuestra finca. Una vez y otra y otra, las echas y al día siguiente vuelven a entrar. La paciencia se agota. Tengo que aclarar que si alguno de nosotros está en casa dejamos el portal de la finca o abierto del todo, para meter y sacar los coches o abierto una parte, por si viene el cartero, algún mensajero o cualquier otra visita.
Con la paciencia agotada, plantas pisoteadas y viña medio comida, hablamos con el señor esposo dueño de los animalitos para pedirle que no los dejara sueltos y explicarle los problemas que causaban. Pero claro, el control sobre ellos le duró unos cuantos días y las ovejas volvieron. Viendo que habían pasado completamente de nosotros, uno de esos días de visitas ovinas decidimos llamar a la policía local a ver si a ellos les hacían más caso, motivado además por el descontrol de los animales que al echarlos de la finca iban por la carretera pudiendo causar cualquier accidente.
Como he dicho, esto sucedió hace más de un año.
Este viernes, con la excusa de acercarse por el magosto, la señora se dirigió a nosotros delante de algunas personas que distraídas no le prestaron atención, salvo un chico que atónito escuchó todo. Ni corta ni perezosa, esta mujer, al parecer pariente lejana, nos echó en cara lo de las ovejas y el burro, culpándonos a nosotros por no tener el portal cerrado y sin asumir ninguna responsabilidad. Empeñada en su delirante idea de que tenemos que tener el portal cerrado y sin atender a razones, terminó acusándonos de querer meterla en el juzgado como hicimos con la cementera.
Surrealista.

Cuento chino: Embuste.

El protagonista de la segunda anécdota es uno de los empleados de la planta de hormigón.
Iniciados los preparativos del magosto, me alegra poder decir que fueron varios los testigos de que efectivamente como siempre hemos dicho la cementera continúa con su actividad. Pues bien, uno de los trabajadores (no diré el puesto que desempeña para mantener su anonimato), nervioso sin duda por lo que se estaba montando, increpó a los presentes, insultándolos y acusándolos de que por su culpa se habían perdido nada menos que 400 puestos de trabajo.
Debo decir que yo no estaba presente en este momento épico, en el que de pronto la cementera se convierte en una gran factoría que daba trabajo a 400 personas.
Ya sean 400 ó 4000, este hombre alucinaba bastante. Con independencia de que ni en broma creaba esos puestos de trabajo, se olvida del motivo de que estuviéramos allí reunidos: solicitar el cierre de la cementera. Luego, si NO hemos logrado que la cierren, ¿cómo hemos podido conseguir que despidiesen a los empleados?.
No me cabe la menor duda de que este hombre o bien no ve, ni lee, ni oye ningún informativo y vive en un mundo de fantasía o se creyó algún cuento de los que sabemos suele contar el empresario. Porque claro, los motivos de los despidos no son la crisis, las deudas, el impago a proveedores, los embargos o el fraude fiscal, el motivo somos nosotros que NO hemos conseguido que la cierren.

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